Cómo pesa la constante angustia,
Cuando el delirio se hace aun más denso,
Cómo sonríen sarcásticas las tinieblas,
Cuando es usted, quien está allí muerto.
Cómo muerde su sinfonía de pensamientos,
Abriendo paso entre los límites de su cerebro,
Cómo se congela el palpitar en su interior
Cuando el miedo explota en sus mínimos recovecos.
Cómo el humo de su propio hálito lo asfixia,
Cuando largos brazos de la nieve lo sofocan,
Cómo se arrastra al fondo de su propia perversión,
Cuando el tic tac de su tiempo se corta en adicción.
Pobre infeliz cubierto de martirio hasta los huesos,
Entumeciéndose, lento y mudo hasta el tuétano
Derrotado e inmóvil bajo su blanco entierro,
Convertida en hielo la seda que cubre su cuerpo.
Drogado con el licor que permanece en sus venas,
Agrieta, quema y rasga el contorno de su garganta,
Cada gota que se congela, cada glóbulo, su condena
El pánico anochece dolorosamente su mañana
Cuando el invierno cava ávido su muerte soberana.
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