El uso de su razón solía desvanecerse
Entre el barro gris de la falsedad
Un ajeno total, al lenguaje aquel
Cuyo nombre era culpabilidad
Suspendido en un hilo de tiempo
Arrullado por el canto de Morfeo
Las memorias atestaron su sueño
Escoltadas por su sórdido verbo
Quemaban las profundidades de su piel
Lo asfixiaban dentro de su propia lucidez
Absorto ante pesadillas de manantial
Las palabras se clavaban en su espina dorsal
Tempestades brotaban de sus pupilas empapadas
Un lenguaje nuevo por fin su voz entonaba
Gritaba en el silencio con lacerante gemido
Mientras se desplomaba en el drama de su propio abismo.
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